Institución

Historia del Congreso

La Diputación provincial en Puebla se instaló solemnemente el 18 de agosto de 1821, conformada por seis Diputados Propietarios y tres Suplentes, teniendo como primera sede para sus deliberaciones una sala anexa a la de Cabildos en las Casas Consistoriales, lo que es actualmente el Palacio del Ayuntamiento de Puebla.

Posterior a la abdicación de Agustín de Iturbide, el 8 de febrero de 1824, se jura el Acta Constitutiva de la Federación determinando el Sistema Federal, la cual daba soberanía a los estados para tener una Constitución propia. El 19 de marzo de 1824 se instala solemnemente el Primer Congreso Constituyente, con trece Diputados Propietarios y cinco Suplentes, el cual después de cerca de un año y ocho meses de actividad constituyente, fijó como fecha el 7 de diciembre de 1825 la jura de la Constitución del entonces Gobernador del Estado, General José María Calderón.

La convocatoria para elegir a los Diputados para integrar el Primer Congreso Constitucional del Estado de Puebla fue el 11 de diciembre de 1825, quedando integrada por trece Diputados Propietarios y siete Suplentes.

Originalmente fue construido en 1833 para funcionar como el teatro de la Sociedad Artística Filarmónica La Purísima Concepción. Su construcción la dirigió Rafael Guerrero. Del edificio destaca la decoración mudéjar o morisca en la parte externa del patio.

Fue inaugurado como sede oficial del Poder Legislativo el 1 de febrero de 1905, con la apertura de Sesiones de la XVIII Legislatura.

En el transcurrir histórico del México precortesiano y colonial, la provincia de Puebla se significó como el corazón de las culturas de Mesoamérica, así como un centro donde el encuentro de nuevas culturas, fructificó en expresiones de singular grandeza moral y material. El vasto territorio de la Puebla, que se extendía en la parte centro-oriental de México, de la costa del Golfo al Océano Pacífico, fue el escenario de algunas de las más brillantes páginas de la historia de la insurgencia. Aquí en Izúcar y Tehuacán, el generalísimo José María Morelos se cubría de gloria (1815).

"Es voluntad del Ser Supremo que haya orden en la Humanidad, eres bienvenido, que tu estancia sea placentera y que continúes por buen camino "

Los adalides de ésta y otras luchas por la Independencia, surgían de los más disímbolos estratos de la sociedad poblana. Un Juan Nepomuceno Rosains, abogado y hacendado; los hermanos José y Luis Rodríguez Alconedo, pintores y plateros; Mariano Huesca y José María Sánchez de la Vega, curas; José Francisco Osorno, arriero; Manuel Mier y Terán, comerciante; María Petra Teruel de Velasco, linajuda ama de casa; Manuel Veytia, terrateniente de la antigua nobleza. Solamente como paradigma, de una pléyade de poblanos, que en comunión con los indios, mestizos y criollos ansiosos de libertad en la provincia de la Puebla, aspiraban a ser amos de su propio destino, dictándose sus propias leyes para pertenecer a la comunidad de las naciones libres que ya surgían en América, desde finales del s. XVIII. Surgir de una Nación y Estado Soberano

Una vez que Agustín de Iturbide hiciese su entrada a la ciudad de Puebla el 2 de agosto de 1821; si bien los verdaderos libertadores aparecían en las filas secundarias, surgía así una nueva época en que la sociedad convaleciente por tantos años de postración, debía darse nuevos cauces de vida democrática. No siempre se acertó en el camino, en los métodos y la ideología por adquirir aquella autosuficiencia moral, política y económica. No siempre, los hombres que llevarían en aquellos años los destinos de la nueva nación, serían los más aptos, pero se estaba ya en el camino arduo de la adolescencia nacional.

Se idealizó; se proyectó retardatariamente; se buscó el poder central; se acudió a la dictadura y se renovó y decantó la sociedad en profundas reformas. Todo esto se pragmatizaba no sólo en las asonadas políticas, las guerras; los ensayos cívicos y militares; también se inventaba a México como nación en sus códigos y constituciones, que venían a convertirse en verdaderos crisoles de los más decantados principios que la sociedad quería consagrar como fundamento esencial de vida. La historia de cada uno de éstos acontecimientos es, pues, el inseparable entorno en el proceso legislativo de cada provincia.

El prolongado proceso histórico que ha transcurrido desde que se obtuvo la independencia hasta nuestros días, va a quedar configurado en cada Constitución que se ha promulgado en el Estado de Puebla.